Acontecerá


Acontecerá una mañana de primavera,

temprano abriré los ojos para verla de nuevo,

dormida a mi lado, tranquila.


Besaré sus labios y su cuello

para, finalmente, hacerle el amor.

Más tarde, le tocará el turno

a las flores del jardín,

que recibirán mimos y agua

y palabras cariñosas.

Los geranios, las rosas, los jazmines

me saludarán, reverenciosas, al paso.


Daré mis últimas pinceladas

al cuadro que me tiene entretenido,

últimos retoques antes de la firma.


Un lápiz y un papel me acompañaran

en el paseo entre los pinos, los manzanos,

los almendros floridos, que se mueven

graciosos entre la brisa matinal.


Me sentaré en el lugar de siempre

y escribiré un poema,

un poema que hable de ella,

de mí y de mis pensamientos concluyentes,

del mar y, como no, de las hormigas.

Un poema del que ha vivido una vida.


Dejaré a un lado el lápiz y el papel,

y las lágrimas y las risas,

daré acomodo a mi espalda

en el gran tronco que me sujeta,

cerraré los ojos

y me apagaré,

suave, silencioso,

sin estridencias ni lamentaciones,

me apagaré como se apaga el día,

como se apaga una vida

con la sonrisa

del que vuelve

a casa.

Recuerdos


Recuerdo que de niño

me subía a las copas de los árboles más altos,

pues quería alcanzar las nubes,

detener su viaje.


Creía, entonces, que una simple cuerda

o mis manos. bastarían

para atrapar esa estructura de algodón.


Seguramente, intentaba sujetar el tiempo

o, quizás, no era más que el sueño

de un niño que soñaba,

un niño que bajaba corriendo del árbol

al detectar el olor de la cocina,

un niño que ha crecido,

que se ha arrugado de tanto reír,

de tanto llorar, pero que aún

no ha permitido que le roben los sueños,

que todavía se sube a los árboles

con un trozo de cuerda en el bolsillo.

Naúfragos


No somos más que náufragos

en esta gran isla que,

como Robinsones modernos,

se acomodan al entorno,

enviando al terreno del olvido

nuestra nostalgia,

que no es otra cosa que el recuerdo

de otra tierra antes habitada,

infinita, eterna.


Anestesiamos nuestro instinto de libertad,

nuestra sensación de encierro,

de limitación

y construimos cabañas de madera

en las copas de los árboles más altos,

para huir de los depredadores,

sin querer ver al más peligroso de todos,

el que llevamos dentro,

al que llamamos YO.


En mi terraza



Observo el comportamiento de una araña

el tiempo suficiente para comprender

que está tan perdida como nosotros...


¿Porqué todo lo vivo actúa como

si hubiera caído lejos de su hogar?

No natos


En memoria de los niños Haitianos muertos en las riadas de la Rep. Dominicana o los de cualquier lugar


No se tú nombre

porque oficialmente no has existido,

así de simple, así de cruel,

porque el gobierno del país,

al que tu madre viajó

en busca de una oportunidad para ti,

no te reconoció,

a pesar de haber nacido sobre su hierba,

a pesar del sentido común,

no te inscribió en ningún registro.


No tienes nombre, ni has nacido

pero, eso sí,

trabajar en los campos de caña, sí,

eso sí podías,

contribuir a que la máquina no pare, sí,

eso si podías,

a no ser más que combustible, sí,

eso sí podías.


También tenías derecho

a construir una cabaña,

de barro y caña,

en los pocos lugares que no se paga.

Y son gratis porque son trampas,

como ahora, que llegó la tormenta

e hizo crecer el río

y ese lugar gratuito que te dejaron

se inundó y se lleno de muerte,

entre ellas la de tu madre

y la tuya propia,

pequeño inexistente.


Nadie te reclamará,

nadie te rezará ante un altar,

nadie te llorará,

porque no has muerto,

porque no has nacido.



Ando


Ando con la mirada hacia abajo

tras los rastros de un pasado

expresado en el carmín que besa una colilla

en el resguardo de un ingreso en el banco

en los adoquines repaseados

por transeúntes que van y vienen

que vienen y van

que tropiezan con éste

que lleva la mirada hacia abajo.


Ando con pasos lentos

liberados de las cadenas del tiempo

sin revoluciones ni guerrillas

tratando de deslizarme en silencio

con el menor desplazamiento de moléculas de aire

para ver el mundo desde afuera

desde otra dimensión sin tiempo

donde se halla esa hormiga, entre dos mundos,

debatiéndose entre arrastrar

una cáscara de cereal

o una enorme miga de pan

y esperar lo suficiente para comprobar

que, ante su duda,

una brisa impaciente impulsa el cereal

a millones de kilómetros de ella


mientras los sin ojos

pero con relojes

apartan de su camino a éste

que camina con pasos lentos.


Ando encantado de vivir

con la caricia del sol en mi cara

con la exhalación constante de placer

por ver flores bajo el cemento

y alegrías en los niños

encontrando respuesta a mis sonrisas

en sus limpias y puras miradas

con la curiosidad que trae la inocencia

pero otros muertos en vida

tratan de apartar horrorizados

la mirada de éste

que camina encantado de vivir.

Caerá el imperio



Caerá el imperio

como ya cayeron los otros

morirá fagocitado por sus excesos

y su propia decadencia


siempre ha sido así

y ahora no tiene por qué ser diferente


agazapado paciente y sigiloso

se prepara el embrión del siguiente

cuidado entre ideales y algodones

para emerger en el momento adecuado

construyendo una nueva esperanza

hasta el momento en que empezará

a abusar de la confianza

desarrollará más músculo

que materia gris

y se convertirá en aquello mismo

contra lo que había luchado


siempre ha sido así

y así seguirá


llegará de nuevo el momento

en que el músculo se transforme

en grasa y pereza

y vuelta a empezar


siempre ha sido así

¿y así seguirá?

El efecto mariposa


La teoría del caos.

La explosión y consiguiente

destrucción de este planeta

desencadenarán una serie de efectos

que harán nacer una flor

en el otro extremo del universo

en una remota galaxia

en un pequeño planeta azul.

La flor que te entregaré

el día que te vuelva

a encontrar allí...


... una vez más...

Jaled


Te han declarado culpable,

pequeño Jaled,

por ser niño

y haber nacido en Palestina.


Te han declarado culpable,

pequeño Jaled,

por no saber que los niños

no deben asomarse a la ventana

cuando los mayores

están haciendo cosas de mayores,

como luchar a muerte

para, según dicen,

hacer un mundo mejor

para los niños del futuro.


Te han declarado culpable,

pequeño Jaled,

por dejar tus juegos de niño

para cruzarte en la trayectoria

de una bala perdida,

que dejó de serlo

cuando encontró

tu cabecita.


Te han declarado culpable,

pequeño Jaled,

te han sentenciado a muerte

y te han ejecutado

sin que te des cuenta de nada.


Ahora ambos bandos,

los malos

y los malos,

se culpan mutuamente

del daño colateral,

mientras el resto de seres humanos

miramos para otro lado.


Ni siquiera nos queda la excusa

de que no podemos enterarnos de todo,

ya no,

porque las imágenes

de tu cuerpecito, aun caliente,

con tu pijama color verde y sangre,

transportado en brazos de

tu derrotado tío,

mientras tu madre

llora la locura

unos pasos más atrás,

arrastrando la pena,

la rabia, la incomprensión,

han dado ya la vuelta al mundo.


Por lo visto,

la mayoría de los habitantes de este planeta

con sentido común,

se han acostumbrado a esas escenas,

a la atrocidad,

ya que nadie mueve un dedo

para detener la barbarie.


Por mi parte,

pequeño Jaled,

solo se me ocurre

convertirte en poema,

para no olvidarte nunca,

para pedirte

perdón...

perdón...

perdón...

Sr. Presidente (a cualquiera)


¿Porqué te molesta mi palabra?

¿Qué motivo hay para que quieras apagar mi canto?

¿Porqué te asusta la posibilidad de que piense?


No conozco el loable objetivo

que merezca tan cruel sacrificio

y, a diario, me pregunto

cuál es el extraño virus

que ataca sin piedad

al gobernante, al dirigente

cuando es seducido por el poder.

¿Qué ocurre con tu conciencia?


Tal vez la mantengas vilmente engañada

o, acaso es ella la que te arrastra

a creer que sabes más que los demás,

que estás en posición de definir

lo que es justo y lo que no.


Quizás te sientas incomprendido,

pero aceptas con resignación

tu elevado destino,

la misión para la que has sido enviado,

designado por el divino e infalible

dedo de la providencia.


Pronto entiendes que la única forma

de conducir al rebaño es,

mediante la imposición de tus ideas.


¿En qué momento olvidaste

que estás al servicio de millones de ciudadanos,

más fieles que tú a la democracia,

que depositaron en una urna

un voto, una ilusión y una esperanza,

para decidir que es el país

el que está a tu servicio?


Quisiera saber el preciso instante

en el que aprendiste que nuestra felicidad

la debemos encontrar

enganchándonos a unas máquinas y

producir, producir, producir

para después

consumir, consumir, consumir,

y encima tienes la poca vergüenza

de llamarlo libertad.


Pero en cuatro años,

-defectos de la democracia, piensas-

deberás pasar, de nuevo,

por el examen de las urnas

y volverás a desempolvar

el traje de ser humano

y entrarás en los mercados,

rodeado de disimulados agentes de seguridad,

y pasearás en bicicleta por las calles,

te desplazarás en transporte público,

besarás y llenarás de babas

a nuestros niños,

que te miran desconfiados,

algunos llorando,

-es que los niños saben-

y enseñarás tu precisa y blanca sonrisa

de derecha a izquierda,

o mejor, solo a derecha

que es tu lado bueno.


Como entiendes que esto no es suficiente

reunirás a tu equipo de tecnócratas asesores

que te recomendarán, previo pago

y sin sentimiento de culpa,

que empieces a manipular la realidad,

a fomentar el miedo a los cambios,

a meter el dedo en la llaga

que provoca el más enfermizo

y paranoico conservadurismo,

para finalmente postularte como referente,

como el salvador de los valores tradicionales.


Además lo harás convencido

de que todo es por nuestro bien,

que lo mejor para el mundo es que

tú seas presidente.


Te acuestas lamentando

que el cargo de Dios,

no se elija en votación popular.